La biografía del doctor Ricardo Sepúlveda Bagú (75) ha estado marcada por distintas facetas que además de una destacada trayectoria profesional en el ámbito de la medicina, incluyen una variedad de experiencias empresariales y una naciente afición por la pintura que lo tienen como un apasionado y entusiasta amante de una actividad que llegó a su vida de manera casi accidental.

“Nací en la era atómica, seguí con el rock, la era espacial, la llegada del hombre a la Luna, la lectura del DNA, el fin de la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín y la era digital. Pasé de la cirugía invasiva a la mínimamente invasiva y a la endoscópica, la revolución en la imagenología y ahora la mayor pandemia por un virus de comportamiento inusual”, comenta a través de una videollamada muy propia de los tiempos actuales.

El traumatólogo infantil egresó de medicina en la Universidad de Chile en 1970, para luego hacer su beca de especialidad entre 1971 y 1974, pasando por los hospitales Roberto del Río, Luis Calvo Mackenna, Manuel Arriarán y la ex Posta Central.

Posteriormente, en 1974 se dirigió a la ciudad de Antofagasta, lugar donde reside actualmente, para cumplir labores asistenciales y docentes que incluso lo tuvieron como jefe de carrera de la recién abierta Escuela de Medicina de la ciudad.

“Tuvimos solamente una promoción que egresó porque después se congeló la carrera y un periodo largo estuve trabajando en la facultad, pero en otras carreras del área de la salud”, apunta.

En esa misma época participó de la creación del Servicio de Cirugía Infantil y Ortopedia del Hospital de Antofagasta, unidades que pronto se separaron, siguiendo el doctor Sepúlveda en el área ortopédica.

Entre 1982 a 1984, coincidente con su ingreso a la Sociedad Chilena de Ortopedia y Traumatología, el doctor estuvo dos años en Francia haciendo ortopedia pediátrica, gracias a una beca otorgada por la SCHOT. Según recuerda, tuvo que defender una tesis en la universidad de París, titulada “Secuela de artritis séptica de la cadera en el niño”.

En junio de 1991 el especialista asumió la dirección del Hospital de Antofagasta, justo cuando que se produjo el aluvión que dejó a la ciudad con 91 personas fallecidas, 17 desaparecidas y unos 800 mil metros cúbicos de sedimentos depositados a lo largo de toda la capital regional.

“Me tocó ese periodo que fue impactante. Llegar al hospital y ver camiones con cadáveres, todos embarrados. Era un espectáculo muy dramático”, afirma agregando que su paso por la dirección también tuvo momentos gratos, como por ejemplo el proceso de modernización que llevó a cabo junto a su equipo de trabajo y que incluyó “la renovación y mejora del equipamiento del hospital, se había realizado poca inversión en salud pública, entonces nos tocó el trabajo con el Banco Mundial para instalar el primer escáner que hubo en el Hospital, mejorar los pabellones, entre otras cosas”.

Para el doctor Sepúlveda esta fue una etapa interesante, que luego tendría otro desafío, cuando a fines de 1992 asumió la dirección del centro de la Teletón en Antofagasta.

“Como yo atendía a los niños de la Teletón en la parte quirúrgica, falleció la directora y me pidieron que asumiera. Estuve como 15 años a cargo, asumiendo la parte administrativa y quirúrgica. Hasta que a uno le llega la edad de jubilarse, dejar espacio a las nuevas generaciones. Allí me retiré”, explica.

Las inquietudes del doctor Ricardo Sepúlveda, sumado a su interés por desarrollar la especialidad en la zona Norte lo llevaron junto a un grupo de colegas a emprender en la década de 1980, dando vida a la Clínica Antofagasta, uno de los centros privados pioneros en provincia.

“Por entonces el servicio de salud se había achicado con el objetivo de que se desarrollara el área privada, en la época había poca inversión. Junto con un grupo de médicos nos endeudamos y pudimos organizar esto”, recuerda entre risas.

Con el tiempo, señala, algunos de los médicos mayores se fueron retirando y otros fallecieron.

“La clínica posteriormente se vendió a Bupa. También habíamos hecho una isapre que se fue comprada por Cruz Blanca y una AFP, Norprevisión, que también se vendió”, comenta.

Paralelo a eso, relata el especialista, su familia estaba vinculada a la actividad campesina y agrícola.

“Recibí un dinero e invertí en tierras en Mallarauco. Me entusiasmé para dedicarme al ganado y estuve como 25 años en la crianza de animales, hasta que se me hizo un poco complicado el manejarlo desde Antofagasta e ir los fines de semana al campo. Fue una actividad entretenida, pero complicada”, detalla.

Un nuevo desafío

Hace tres años la vida del doctor Ricardo Sepúlveda cambió.

“Con mi esposa siempre nos ha gustado viajar y tenía muchas ganas de recorrer Alemania”, comenta, agregando que en medio de la travesía sufrió un desprendimiento de retina en el ojo izquierdo que significó que lo tuvieran que operar de urgencia.

Luego tuvo otro desprendimiento en el mismo ojo, el que fue resuelto en Santiago. Finalmente, el problema requirió de cuatro cirugías que redujeron parcialmente la visión de su ojo izquierdo, obligándole a guardar reposo.

Fue durante este tiempo que el doctor descubrió una pasión inexplorada.

Según recuerda, a sus manos llegó una invitación de la junta de vecinos para formar parte de un taller de pintura.

“Me entusiasmé y me incorporé. Hay cosas que uno toda la vida ha creído que no puede hacer, no tiene la habilidad, o cree que son difíciles. O es la gente misma la que te desalienta y al final uno no se mete, porque no asume el desafío y cree que es imposible”, enfatiza.

“La pintura me sirvió. Al estar con discapacidad visual, pensé que tenía que sacarle el máximo provecho a la vista que me quedaba y que tenía que adquirir habilidad, entonces participé”, señala.

Para el doctor la experiencia fue muy positiva, transformando actualmente a la pintura en una de sus principales actividades.

“Quedé bastante sorprendido. Fui logrando cosas que me gustaron mucho y se ha transformado en mi actividad más satisfactoria. Partí hace dos años con las clases y como terminó el taller de la junta de vecinos y el profesor también tiene un grupo, me inscribí como alumno”, destaca.

Pasión por la pintura

El doctor Ricardo Sepúlveda cultiva la técnica del óleo y describe su trabajo como una mezcla de colores intensos, pinceladas gruesas y a veces obras realizadas con espátula.

“Esta es mi entretención, dedicarme a la pintura me gusta mucho. Soy un entusiasta estudiante. No puedo considerarme un pintor, tendré que ir a ello cuando produzca de acuerdo a mi creatividad. Es un camino largo aún, pero estoy en ello”, comenta el doctor.

El living del especialista bien puede asemejarse a la pared de un museo. Durante la videollamada que dio origen a este artículo, el doctor además muestra su taller, un pequeño y acogedor espacio ubicado en el segundo piso de su residencia.

En el lugar, que cuenta con una amplia ventana que deja entrar la luz, el profesional muestra algunos de sus varios trabajos, algunos ya terminados y otros en proceso, cada uno de los cuales le toma entre tres o cuatro sesiones, con especial énfasis en agregar mucho color. Muchas de estas obras terminarán luego en casas de amigos y familiares.

Entre las piezas se aprecian girasoles, floreros, figuras humanas, paisajes, gallos, un colorido jacarandá que es reminiscencia de una de las casas donde vivió en Antofagasta y el retrato de un singular niño.

“A este niño lo atendí en la consulta, le tomé una foto y luego lo pinté en un fondo de un jardín. Este cuadro lo tenía en la consulta y los papás le tomaban fotos, les encantaba”, recuerda.

Dentro de los autores que le cautivan, el doctor Sepúlveda destaca a grandes maestros como el español Joaquín Sorolla, de quien admira toda su pintura y el manejo de la luz, además de la creatividad de figuras como el también español Salvador Dalí, el holandés Rembrandt y los trazos del francés Claude Monet.

En Chile, el profesional resalta el trabajo de los pintores Ximena Cristi, Carlos Pedraza, Fernando Morales Jordan, Agusto Barcia, Fernando Tejada y Reinaldo Villaseñor.

Como buen amante del arte, los museos han sido también una fuente de admiración.

“Me encantó la arquitectura del museo de Helsinki, pero el que más me gusta es el Rijmuseum de Amsterdam. Cuando he hecho escala en Holanda y me da tiempo he tomado un tren para ir a ver la ‘Ronda nocturna’ de Rembrandt”, comenta.

Esta pieza de estilo barroco, pintada entre 1640 y 1642, es una de las más famosas del pintor neerlandés Rembrandt e impresiona por su notable juego de luz y dimensiones que superan los cuatro metros.

“No puedo dejar de mencionar ´El Grito´ de Edward Munch en el museo de Oslo, un cuadro filosófico. Para mí es el grito desesperado cuando el hombre pierde a Dios”, señala el doctor sobre esta obra de 91 centímetros de alto y 74 de ancho, que data de 1893 y que se ha transformado en un icono a nivel mundial.

Un espacio de encuentro

La pintura también ha sido un medio de interacción con sus colegas. El doctor Sepúlveda es hace dos periodos vicepresidente del Colegio Médico local y gracias a su afición ha podido desarrollar instancias de encuentro más allá de la actividad profesional.

“Como vi que los médicos mayores estábamos un tanto abandonados, la gente va quedando aislada o va teniendo problemas de salud, organicé el grupo de los médicos seniors. Le había puesto el grupo de los médicos mayores, pero no les gustó a los colegas”, cuenta entre risas.

Bromas aparte, destaca el especialista, esta iniciativa ha sido de gran ayuda “porque algunos se han juntado a pintar, se han hecho actividades y ha sido de mucho apoyo, sobre todo en los periodos que ya algunos colegas han fallecido y esto ha servido de unión, colaboración y apoyo a las familias en el proceso”.

Dentro de las actividades del grupo, el doctor destaca que se han organizado muestras donde se han exhibido obras de sus colegas e incluso de algunas de las esposas. Incluso, para fines del año pasado y previo al estallido social, tenían prevista una exposición en la Universidad Católica del Norte.

“Me entusiasmó el arte y he querido incorporar a más gente. Creo que ha sido una buena participación de los médicos sobre los 65 años, que somos 80 en Antofagasta, la mayoría activos”, afirma.

En este mismo contexto, el doctor comenta que hace poco retomó las cirugías al recuperar la destreza visual.

“He vuelto a la cirugía y hay colegas que también siguen atendiendo”, señala agregando que actualmente sigue realizando consultas con sus pacientes a través de videollamadas en el marco de la emergencia sanitaria.

 


 

El Dr. Ricardo Sepúlveda en el living de su casa


Taller


Parte de los trabajos del Dr. Sepúlveda



Un recuerdo de su pasado como ganadero


Creando el capítulo de médicos Senior en Antofagasta


Vicepresidente del Consejo Regional Antofagasta del Colegio Médico