In memoriam: Dr. Aldo Altino Giolito Valenzuela (1945 - 2026)

Con profundo pesar y una gran consternación, lamentamos la sensible partida de nuestro querido amigo, profesor y formador, el Dr. Aldo Giolito Valenzuela, acaecida en la ciudad de Rancagua.

El Dr. Giolito cursó sus estudios de pregrado en la Universidad de Concepción y en la Universidad de Chile, institución esta última donde también realizó su formación de postgrado. Su vocación docente se consolidó en la Facultad de Medicina de la Universidad Austral de Chile, donde contribuyó magistralmente a la formación de numerosas generaciones de profesionales de la salud. Siempre se distinguió por su incansable búsqueda en el perfeccionamiento de las técnicas quirúrgicas y por una generosidad intelectual única para compartir sus conocimientos con alumnos y pares.

Su destacada trayectoria laboral y de servicio comenzó en Valdivia, donde se desempeñó como médico traumatólogo, docente y jefe de servicio.

Posteriormente, en el año 2000, se estableció en Rancagua para integrarse a la Clínica FUSAT. En dicha institución destacó por la altísima calidad de su atención, su genuina preocupación por los pacientes y por fomentar de manera constante los encuentros clínicos y la docencia entre colegas. Como socio activo de la Sociedad Chilena de Ortopedia y Traumatología (SCHOT), fue un pilar fundamental a nivel nacional e impulsor clave de la creación de la Filial SCHOT Rancagua, actual Filial Schot Centro Sur, la cual presidió en múltiples periodos, liderando cursos, publicaciones y participando activamente en conferencias y congresos.

Su profesión era su principal amor y pasión, manteniéndose activo en su consulta médica hasta hace apenas 45 días. Más allá del quirófano y las aulas, Aldo fue un hombre de profundas pasiones: un pescador con mosca formidable, un basquetbolista apasionado que defendió con orgullo la camiseta de la Universidad Austral en Valdivia, y un amante de la música que llevaba el ritmo en los genes —compartiendo ese talento artístico junto a su hermano—, regalándonos a algunos el privilegio de escucharlo tocar el bongó. Asimismo, su amor por los animales lo distinguió como un protector y doglover excepcional.

Su vida y su entrega diaria encontraban su mayor sustento en el amor de su familia: su esposa Marcela, su hija, su yerno, y sus nietos, Matías y Raimundo, quienes eran la verdadera alegría de su alma.

Nos dejas un vacío inmenso en esta tierra, querido Aldo. Te extrañaremos profundamente. Hoy te despedimos con la satisfacción del deber cumplido y con tus propias palabras guardadas en el corazón cuando una cirugía compleja resultaba exitosa:

“Bien grande, Giocatore”.

26 de septiembre de 1945 – 31 de mayo de 2026

Colaboración: Dr. Juan Pablo Ibarra